En este espacio nos proponemos contar una historia que comienza a gestarse a mediados del siglo XIX cuando alrededor de cuatro millones de esclavos negros rompieron sus cadenas, y a pesar de haber vivido privados de derechos y sin voz ni voto, los trescientos años de fluir continuo de rituales, desde la otra orilla del Atlántico dejaron su huella en el "Nuevo Mundo".
La música que llamamos jazz a conseguido traspasar todas las fronteras y en muchos países se ha vuelto parte de su folclore. Ya no se habla de un jazz norteamericano, sino que se habla de un jazz ruso, japonés, cubano y por que no cuyano.
Hacia 1770 se hizo famoso un pastor llamado Harry el negro por el ardor de sus sermones, en los que rejuvenecía los salmos tradicionales con la escalofriante entonación de glissandro africana, el ritmo irresistible y la técnica denominada antífona ( consistente en que los fieles repitan rítmicamente las palabras del predicador cada dos o tres renglones). Heredada de la iglesia británica, de la época en que los feligreses no podían leer el libro de oraciones, esta costumbre reflejaba la "llamada y respuesta" africana que se encuentra en el gospel, en el intercambio de riffs entre las secciones de las grandes bandas de jazz e incluso en la alternancia de coros instrumentales y percusión con la que terminan algunos temas de las formaciones pequeñas (combos) de Be-Bop...

